Para quienes nos criamos
en un barrio era moneda corriente
que nuestras madres salieran a buscarnos a la calle con un grito al unísono que
nos alertaba que ya era hora de volver a casa.
Hoy las madres les envían a sus
hijos mensajes de textos a través de dispositivos celulares para dar la misma
alerta.
Cuando te encontrabas con “alguien” a ese encuentro lo
llamabas una “cita” y la persona con la que te encontrabas era con una amiga o
con una amiga de un amigo que habías conocido en un cumpleaños, en una fiesta o
en un pijama party. Siempre con personas de un mismo círculo. “No hables con extraños” significaba no
relacionarse jamás con personas que no eran pertenecientes a nuestro ambiente cotidiano y era una regla
inquebrantable para mantenernos a salvo.
Los peligros de hablar con “extraños” no se han extinguido
y, para colmo, las herramientas para
contactar personas desconocidas se han multiplicado notoriamente.
Teléfonos, celulares e internet, entre otras innovaciones
tecnológicas han revolucionado las telecomunicaciones con el aporte de muchas
ventajas como lo son la comunicación
instantánea y la capacidad de acortar distancias.
Pero no todo es color de rosa. Un ejemplo muy notorio es
facebook, el sitio web de redes sociales creado por Mark
Zuckerberg, que en su página de inicio se ofrece como una herramienta que
“te ayuda a comunicarte y compartir con las personas que forman parte de tu
vida.” Sin embargo, este fenómeno que
llegó para revolucionar las relaciones
sociales, especialmente las que se establecen entre jóvenes adolescentes tal
como lo demuestran los estudios realizados en Chile por diversas universidades[1], es accesible para cualquier
persona que tenga una cuenta de correo electrónico lo que la convierte en un
arma de doble filo para la sociedad.
Muchos niños abren cuentas de correo electrónico, en redes
sociales y/o en foros de internet por donde establecen contacto con personas desconocidas
mientras sus padres duermen, trabajan o simplemente están afuera de sus casas y
no pueden supervisarlos.
Vale recordar la
historia de Sten[2], el menor estonio de 14
años acosado en internet por un pedófilo español que utilizaba fotos de una joven stripper
argentina que había bajado de la web para hacerse pasar por una adolescente
llamada “Lisha” y así conseguir imágenes sexuales de menores.
A través de la mensajería instantánea que provee el correo
electrónico el ciberacosador español Benjamín Cabellos Sánchez, de 22 años, le
propuso intercambiar fotos y videos
sexuales a Sten quien accedió sin saber la verdadera identidad de su victimario.
El final de Sten fue trágico: terminó por suicidarse con una
pistola de su abuelo, el 16 de marzo de 2008, ante la presión del pedófilo
quien lo había amenazado 15 días antes, a través del chat, con enviar las fotos
y los videos sexuales a todos los contactos del niño si este no le enviaba otro
video sexual pero que esta vez contenga contenido explícito.
También vale recordar que los peligros no son sólo para los niños. Un antecedente reciente lo es el caso del joven argentino de 20 años[3] que fue engañado por un niño de 13 quien se creó un perfil falso en facebook para hacerse pasar por una joven y hermosa empresaria , enamorar al muchacho y, luego fingir un secuestro y pedir US$ 24 mil dólares de rescate.
También vale recordar que los peligros no son sólo para los niños. Un antecedente reciente lo es el caso del joven argentino de 20 años[3] que fue engañado por un niño de 13 quien se creó un perfil falso en facebook para hacerse pasar por una joven y hermosa empresaria , enamorar al muchacho y, luego fingir un secuestro y pedir US$ 24 mil dólares de rescate.
Los peligros en internet son muchísimos y es por esa razón
que es tarea de padres y madres supervisar constantemente con quienes chatean
sus hijos, que sitios visitan, que información dan y, por sobre todo,
enseñarles que siempre es mejor “No hablar con extraños”, para estar seguro que
no acepten invitaciones de desconocidos en ninguna de las ya conocidas redes
sociales o herramientas de mensajería electrónica.